Unas 11.500 desovas de cinco especies de tortugas marinas amenazadas de extinción se esperan en la actual temporada en cuatro estados de Brasil, país que mantiene uno exitoso programa de protección de estos sobrevivientes de la era de los dinosaurios.
La temporada de desova se inició en septiembre pasado y se prolongará hasta marzo en 900 kilómetros de playas de los estados de Bahía, Sergipe, Espíritu Santo y Río de Janeiro, vigiladas por el ‘Proyecto Tamar’, que desde hace 26 años lucha por la preservación de estos animales.
‘Con los resultados obtenidos en estos tres primeros meses se conserva la expectativa’ de desovas, explicó hoy a Efe el oceanógrafo Guy Marcovaldi, coordinador nacional del ‘Proyecto Tamar’.
El trabajo de esta entidad subordinada al Instituto Brasileño del Medio Ambiente (Ibama), financiada por la petrolera estatal Petrobras y por autogestión con las comunidades costeras, ha sido reconocido como una referencia internacional en el área.
‘Lo que nos da tranquilidad es que el número de desovas va en aumento medido cada cinco años’, señaló Marcovaldi.
En Brasil se consiguen las especies cabezona (Caretta caretta), de carey (Eretmochelys imbricata), golfina (lepidochelys olivacea), verde (Chelonia mydas) y laud, o de cuero, (Chelonia mydas).
El número de nidos ha estado creciendo entre cuatro y cinco por ciento anual en los últimos años, según datos de Tamar.
Pero, explicó Marcovaldi, también hay una tendencia al aumento de la mortalidad de grandes individuos fundamentalmente a causa de las redes de pesca industrial y de la contaminación de los océanos.
Solamente el año Tamar registró 1.297 tortugas muertas en la costa de Brasil y para el total de este año calendario se espera un aumento.
‘A pesar de nuestros esfuerzos el número continúa creciente, porque aumenta la pesca en las más diversas modalidades. Cada vez hay más redes, más barcos y más pescadores en el mar y eso contribuye para el aumento de los accidentes con tortugas’, explicó Marcovaldi.
El trabajo de esta organización que tiene 22 bases de investigación y preservación en un total de 1.100 kilómetros de playa del litoral brasileño y trabaja en estrecha cooperación de las comunidades, se concentra en vigilar y proteger los puntos de desova.
Los nidos son marcados y cuando están en peligro los huevos son rescatados para que sean incubados por el sol en la arena en sitios seguros dentro de las bases.
Este año además será completada la liberación de 700.000 tortuguillos, fuera de los que han nacido por su propia cuenta, señaló Marcovaldi.
Pero sólo uno de cada 1.000 pequeñas tortugas que alcanzan a llegar al mar después de nacer en la orilla sobreviven hasta la edad reproductiva. El resto es devorado por sus depredadores naturales.
La sobrevivientes todavía están expuestas a morir a manos del ser humano, en las redes o anzuelos de pesca o por la ingestión de pedazos de plástico y otros desechos hallados en el mar.
Fuente: Terra Actualidad